
La chica que ven en la foto se llama Aisha, es afgana y tiene 18 años. Lo que no tiene es nariz ni orejas, porque se las han cortado. Evidentemente todo esto no lo veríamos si llevase un burka, pues esa prenda además de no permitir ver bien de dentro a afuera, también consigue lo contrario.
Y es que a esta joven no se le ocurrió otra cosa -hay personas atrevidas- que salir a pasear por la calle sola, sin un hombre al lado. Evidentemente, algo así no podía quedar sin castigo. Por eso los representantes de su dios en la tierra, no tuvieron más remedio que cortarle nariz y orejas. Así se dará cuenta de que no es bueno ir sola por la calle, pues podría encontrarse a cualquier desalmado que quisiera robarle el bolso.
Quizás usted vea esta foto, se le revuelva el estómago y en media hora olvide el asunto. Seguramente porque cree que vivimos en un país donde algo así no es posible; no esté tan seguro. Pues todo tiene un principio, y mientras haya un grupo de tarados que tengan poder y armas, todo es posible.
Por eso, cada vez que vea a una mujer con burka, no piense sólo en lo que ve, piense en todo lo que no ve, porque quizás eso sea lo más preocupante. Piense que una prenda así puede esconder maltratos, heridas, humillaciones… piense que ahí debajo hay una persona. Y piense que si permitimos algo así, ¿por qué no ir un poco más allá?
Hace un tiempo el PP -el mismo partido que deseaba que los crucifijos permaneciesen en los colegios- presentó una moción en el Senado para prohibir el uso del burka y el niqab en toda España. El PSOE -cuya ministra Bibiana Aído pone el grito en el cielo si usted no saluda diciendo: ciudadanos y ciudadanas- no la defendió.
Como ven, con políticos así de inútiles e incoherentes es muy posible que, mientras ellos discuten, haya otros que poco a poco consigan hacernos retroceder en el tiempo, en derechos y libertades. Cuidado.
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P.D.: El movimiento islamista Hamás -aprovechando que los palestinos viven ahora mismo una época dorada- ha prohibido que las tiendas de ropa y lencería femenina muestren prendas interiores o pijamas en sus escaparates. La semana pasada también prohibió que las mujeres pudieran montar en motocicleta o participar en fiestas después de la medianoche.
Como ven, a poco que haya un resquicio, la locura se cuela en una sociedad, y las víctimas siempre son las mismas: las mujeres.
Lo extraño es que aún no he oído nada sobre barcos de activistas que se dirijan a la Franja a parar esto.
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